miércoles, 15 de abril de 2009

Valores éticos

Diferentes tipos de valores
Hoy se sigue hablando de valores en el ámbito de la economía: son bien conocidos los valores que se cotizan en las diferentes bolsas del mundo.
El término 'valor' ha traspasado este ámbito y se usa para designar realidades apreciadas.
Se habla de valores estéticos cuando afirmamos que esta pieza musical es hermosa; de valores intelectuales cuando el profesor afirma que este alumno es muy brillante; de valores vitales cuando afirmamos que nuestro amigo tiene muy buena salud; de valores éticos cuando pedimos más igualdad a la hora de organizar nuestra convivencia; de valores religiosos cuando calificamos de sagrado un ritual o ceremonial; de valores políticos cuando reclamamos participación y diálogo.
Muchos objetos pueden ser valiosos para nosotros, tanto objetos naturales (el agua o el aire), como objetos artificiales ( un vehículo). Pero estas valoraciones no pertenecen al ámbito de la ética, son valoraciones que consideran la utilidad u otros aspectos de ciertos objetos.

¿ Qué es lo que tienen de específico y de más propio los valores éticos ?

Los valores éticos, pueden no coincidir con nuestros deseos, pero sentimos que debemos intentar realizarlos si no queremos perder categoría como personas que somos. Nadie está obligado a ser una persona bella, ágil o simpática, pero toda persona está moralmente obligada a ser justa. Los valores éticos sólo pueden atribuirse a las personas, no a las cosas: un paisaje puede ser bello pero no justo, un calzado deportivo pueden ser cómodo pero no bueno en sentido moral.
Valores éticos: implican un deber hacer,
un ser DIGNO de ser

domingo, 29 de marzo de 2009

Educación en valores

Ésta es una primera publicación que invita a reflexionar acerca del rol de los valores en la educación de nuestros hijos.


QUERIDOS PADRES, deseamos que este espacio sirva de reflexión sobre un tema MUY de actualidad aunque es de SIEMPRE, el de los VALORES y de la posible crisis que éstos están sufriendo.
Mucho nos interesaría saber qué opinan, cómo lo están viviendo, si han leído o visto algo al respecto para compartir y concensuar.

La Bibliotecarias queremos ser multiplicadoras de una publicación de Educared donde al respecto dicen:
La educación es un pilar indiscutible para el futuro de nuestros hijos. Pero... ¿con qué valores nos interesa educarlos?.
"Educar para los valores es una tarea difícil ya que éstos no se saben a la manera que se sabe una fórmula química, sino que se viven" (Educando en Valores: Amnistía Internacional – sección venezolana. Caracas, 1997).
Pero ¿qué es la educación en valores? ¿En qué consiste? Y más precisamente ¿Qué son los valores? ¿Quién los transmite? ¿Es suficiente lo que mi hijo aprende en la escuela o es necesario trabajar más el tema en casa?.
Los valores son ideas que guían nuestro accionar, nuestra manera de ser en situaciones cotidianas y no tanto.Los valores son parte del bagaje cultural que nos hace quienes somos. Son producto de nuestra historia, de la educación que recibimos y de la época en la que vivimos.
Pero, si los valores son culturales y son parte de nuestra historia ¿por qué hay que educar en valores? Acaso ¿no son universales ?.
Si tomamos en cuenta a los especialistas que Educared consulta vemos que Roberto Marafioti plantea que "vivimos uno de esos momentos bisagra en que todo el orden anterior de representaciones y saberes oscila para hacer lugar a imaginarios, modos de conocimiento y estilos de regulación social todavía no estabilizados." Por eso es importante sumarnos a la reflexión acerca de la educación de los hijos: ¿Educarlos para el mundo que existe? ¿Educarlos para el mundo ideal? ¿Educarlo con los parámetros de mi infancia? ¿Dejar que la escuela los eduque? ¿Compartir la educación con la escuela ?.
Por su parte Hanna Arendt propone una educación cuyo fin sea "preparar a cada generación para que entienda la realidad del mundo de los adultos al que va accediendo, paso a paso, y asuma su responsabilidad por él, para continuarlo y para modificarlo".

sábado, 21 de marzo de 2009

PARA LOS BENJAMINES


Atención Papis !!!
Las tres vacunas al ingresar a la escuela
Para niños y niñas de primer grado


El Ministerio de Salud de la Nación recordó la necesidad de completar antes del 30 de junio próximo la vacunación de todos los niños que ingresan a primer grado. Al ingresar a la escuela, cada niño debe recibir 3 vacunas: la triple bacteriana (Difteria, Pertussis o tos convulsa, Tétanos), la triple viral (Sarampión, Rubéola, Paperas) y la Sabin oral (Poliomielitis). Cabe mencionar que este año ingresan al sistema escolar 700 mil niños.

La abuelidad







Abuelos ¿eran los de antes?


La abuelidad o el equilibrio entre permanencia y cambio


En la sección de Educared “Entre Padres” se presenta una reflexión del Lic. ROLANDO MARTIÑÁ sobre el rol de los abuelos y abuelas de "antes" y de "ahora". Una oportunidad para reflexionar sobre la permanencia de las funciones y el cambio de las estructuras, sobre la sociedad en la que crecimos, la sociedad en la que vivimos y la sociedad en la que queremos criar a nuestros hijos.



El texto comienza aclarando que al hablar de "antes" nos referimos a la primera mitad del siglo y al hablar de "ahora" a la etapa que abarca de los sesenta a la actualidad.
"Antes" los abuelos convivían muchas veces con los nietos y formaban parte de esa pequeña "tribu" que era la familia extensa.
Como las costumbres cambiaban muy lentamente, las pautas que habían servido a las generaciones anteriores seguían sirviendo, con algunos retoques, a las siguientes. Había rituales firmemente establecidos que se transmitían porque "Siempre fue así, y es bueno que siga siéndolo".
Ese criterio contribuía a poner límites a la habitual tendencia al desenfreno de niños y jóvenes, porque el abuelo era, además de los padres, "alguien más a quien no había que defraudar".
Por otra parte, el abuelo solía ser, en ese entonces, una persona retirada; salvo excepciones, a partir de los sesenta años se entraba en una especie de "tiempo suplementario" (especialmente los hombres). Las mujeres, de algún modo – y mientras podían –, seguían supervisando la vida doméstica y enseñando algunas de sus técnicas básicas: lavar, planchar, cocinar, coser, tejer, etc. Pero como las madres en general no trabajaban afuera, no tenían, salvo emergencias, el rol de cuidadoras de niños que suelen tener hoy.
Rara vez una persona de más de sesenta años estaba "iniciando algo" a esa altura de su vida. Eran el pasado vivo. Los abuelos eran a menudo consultados y respetados, pero no salían a competir en los mismos espacios públicos con sus hijos y mucho menos con sus nietos. Y, para los chicos, su sola presencia como padres de sus padres, aún escuchados y respetados por ellos, representaban un modelo de vinculación interpersonal bastante previsible y contenedor. Los cuentos que contaban los abuelos eran "sagrados".
Hoy, los abuelos en general están aún activos, ejerciendo oficios o profesiones, por necesidad o elección, viajando, practicando "hobbies". Rara vez conviven con sus nietos, sin embargo suelen cumplir un papel muy activo como cuidadores, dada la sobreocupación que suele afectar a los padres o la ausencia parcial o total de alguno de ellos. Su papel, entonces, es menos emblemático y más instrumental. De algún modo, más que transmitir enseñanzas (lo que afortunadamente siguen haciendo), deben aprender muchas cosas pasa "estar a la altura", desde el manejo de todo tipo de aparatos hasta la incorporación de nuevas costumbres y pautas de crianza que se renuevan aceleradamente.
Es claro que esto aumenta la tensión y la incertidumbre y que para mucha gente resulta excesivo y difícil de controlar. Pero visto desde otro ángulo: ¿les resulta también un excitante desafío? ¿ los mantiene vivos y atentos? ¿los hace vivir más, cuantitativa y cualitativamente hablando? Si evitamos los extremos ¿no resulta esta realidad fluida, cambiante, polifacética, un estímulo al pensamiento, un antídoto contra el aburrimiento y la depresión? Ocurre que ayuda a sus hijos a criar a sus hijos mientras todos siguen viviendo. Sin creer ni hacer creer, que transmite "verdades" sino que esta relación NIÑO-PADRES-ABUELOS ofrece una interesante oportunidad de integrar, sin soberbias la audacia juvenil con las experiencia de los más maduros y, en todo caso, la humildad de unos y otros para buscar juntos un modo más dichoso de vivir.
Pero hay algo de SIEMPRE: Los chicos siguen y seguirán necesitando nuestra comprensión, nuestro cuidado, nuestro afecto, nuestros límites y nuestros relatos.

BIENVENIDOS EN EL 2009


Las Bibliotecarias les desean un año pleno de satisfacciones en la ardua pero maravillosa tarea de
Educar a nuestros hijos
Queremos que sepan que las puertas de la biblioteca permanecerán abiertas a vuestras inquietudes.

domingo, 31 de agosto de 2008

Para saber pensar, hay que saber leer.


La escritura y el código letrado.
No es, pues, la escritura como tal el código letrado. No se trata sólo de aprender a escribir, sino sobre todo de aprender a pensar. Y no se puede pensar ni escribir sin palabras. Se puede imaginar y recrear imágenes y sentimientos. Pero inducir y deducir, descubrir las leyes que rigen el movimiento de lo real, y razonar, es imposible sin palabras. Por eso se dice que mientras mejor léxico tiene una persona, más precisa es su manera de explicarse el mundo.
Un error frecuente cuando se piensa en el código letrado es el de identificarlo con el sistema de escritura alfabética. La base del código letrado es, la palabra, esa que se usa sobre todo como elemento básico que permite al pensamiento forjar ideas complejas y al profundizar y ampliar el conocimiento de lo real.
El poder manejar las posibilidades de abstracción que poseen las palabras, así como el de sus posibilidades de combinación, constituyen la esencia del código letrado.
Dominar el uso de las palabras para pensar con precisión permite pasar de símbolo para ir hacia sus posibilidades de significación y así explicar el mundo. La complejidad del pensamiento que se alcanza por esta vía es lo que llamamos sistema escritural alfabético.



No es, pues, la escritura como tal el código letrado. No se trata sólo de aprender a escribir, sino sobre todo de aprender a pensar. Y no se puede pensar ni escribir sin palabras. Se puede imaginar y recrear imágenes y sentimientos. Pero inducir y deducir, descubrir las leyes que rigen el movimiento de lo real, y razonar, es imposible sin palabras. Por eso se dice que mientras mejor léxico tiene una persona, más precisa es su manera de explicarse el mundo. Desplegar un léxico abundoso y pedante, y suponer que eso nos hace cultos, es un acto fallido, pues la yuxtaposición descoyuntada de palabras "difíciles" sólo revela un pensamiento fragmentario que, lejos de explicarse lo real en sus relaciones, sólo percibe fenómenos inconexos y por tanto inexplicables.
La capacidad de utilizar las palabras para pensar; incluido el manejo fluido del discurso y la escritura conforman el código letrado.
Ejercitarnos en el uso responsable y creativo de la palabra es lo que nos hace más o menos cultos.
Mario Roberto Morales / Periodista
La Insignia. Guatemala, agosto de 2008.

sábado, 19 de julio de 2008

La escuela y la casa: complementarios, antagónicos, superpuestos o amigos

Las y los docentes se preguntan, muchas veces cómo ayudar a los chicos, cómo generar mejores aprendizajes, cuánto es el tiempo que se debe dedicar a los estudios y, cuál es la función de los deberes, entre tantas otras cuestiones.
Estos interrogantes, casi una lista interminable, han recibido diferentes respuestas en las tradiciones de la educación y para los diferentes contextos y niveles de enseñanza. Se trata de cuestiones prácticas que se sostienen, en algunos casos, por las experiencias llevadas a cabo a lo largo de la vida de los docentes y, en otros, por las tradiciones de las prácticas que se llevan a cabo en las instituciones. En este espacio, deseamos reflexionar en torno al sentido y valor de las tareas que los docentes pretenden se lleven a cabo en las casas de los estudiantes, fuera de la escuela.

Cuando la dimensión sustantiva es el tiempo

En las escuelas primarias de la Argentina coexisten escuelas de jornada simple y escuelas de jornada completa o extendida que se diferencian, sustantivamente, por el proyecto que llevan a cabo más que por su carga horaria, aún cuando éste es un factor importante a distinguir.
La escuela de jornada completa o extendida puede justificarse por la incorporación intensiva de la enseñanza de una segunda lengua, por su proyecto cultural, deportivo o comunitario. Aún cuando los proyectos enunciados son diferentes la permanencia prolongada de los chicos en las instituciones requiere que las actividades escolares fuera de ellas se reduzcan para dar libertad al juego, al entretenimiento o al ejercicio de alguna actividad elegida por los mismos chicos acorde con sus intereses o vocaciones tempranas. Se trata, simplemente, de entender que en la infancia como en la adultez necesitamos tiempo de ocio, de desplegar actividades que nos sean placenteras, de disponer un momento para elegir, en soledad, la actividad que queremos desarrollar.



Una nueva oportunidad curricular



En las escuelas donde la permanencia de los chicos es alta habría que diseñar espacios de estudio dentro del horario escolar, donde pudieran realizarse actividades de transferencia, resolución de ejercicios o problemas, de consolidación, de búsqueda de información. Cualquiera de esas actividades que las y los docentes sostienen como valiosas, según las necesidades del contenido y del grupo, pueden ser incluidas en el tiempo que los estudiantes transcurren en la escuela. Con carácter de excepción podría justificarse su inclusión en el hogar. Quizás, lo más difícil es programar la actividad de estudio en la escuela, enseñar a los chicos a utilizar bien el espacio, ayudar a quienes lo requieren y pensar que ese momento tiene por finalidad estar disponibles para cumplir una función diferente: la de reconocer cuál es la ayuda óptima que cada alumno necesita. Para algunos, puede ser nuestra presencia, estímulo o afecto, para otros una nueva explicación. En todos los casos, seguramente, tendremos que enseñar a organizar la resolución de una tarea que significa preparar y disponer de materiales, ejecutar la tarea, resolverla y verificar su resolución.
Enseñar a estudiar, a construir criterios de búsqueda de información o, de reconocimiento del valor de la información, constituyen temas valiosos del currículum que se soslayan o no se programan efectivamente. Esta es una valiosa oportunidad que se abre con la construcción de un espacio curricular con sentido.


El sentido de complementariedad para la tarea en el hogar

En las escuelas en las que la permanencia de los chicos es de jornada simple o media jornada podremos planear actividades que complementen lo hecho en ellas. Esta idea de complementariedad significa que lo esencial de trabajo escolar se hace en clase y no en casa y que en clase se dispone de tiempo para explicar cómo hacer la tarea.
La complementariedad significa otorgar un tiempo de estudio en casa al contenido que se presentó y explicó en clase, la resolución de un problema nuevo pero del que ya se aprendió la metodología de resolución; la elaboración de un texto siempre que se haya enseñado este proceso de elaboración en el aula, la lectura de un nuevo texto para favorecer nuevas comprensiones, la búsqueda de información siempre que se hayan enseñado los criterios de búsqueda y se disponga de materiales para realizarla.
En síntesis, complementario puede significar revisar lo que se ha hecho en clase, proponer el título a una tarea que adrede se dejó sin él o sostener su cambio, comparar un ejercicio con otro, escribir acerca de lo que se hizo, inventar un ejercicio como si fuera el maestro. El diseño de tareas atractivas y variadas y, enseñar a asumir con responsabilidad y compromiso esas tareas forman parte del oficio del docente y se llevan a cabo dedicando tiempo y espacio para ello.



La escuela paralela

Papás, mamás, abuelos, tíos o un amigo pueden ser las personas que los chicos y las chicas consultan para obtener ayuda en torno a la tarea encomendada. En el caso de los adultos ellos se preguntan, más de una vez, si pueden ayudar en tanto los métodos y procedimientos de su infancia fueron diferentes. Entendemos que la diferencia de método o estrategia no altera el resultado. Ese esfuerzo para ayudar desde otro camino o propuesta es de profundo valor y converge, en algún momento, con el método o la estrategia enseñada en las aulas. Los adultos no tienen que hacer un nuevo curso ni entender una nueva estrategia para ayudar a los chicos. El esfuerzo y el compromiso para ayudarlos alcanzan por sí solos para dar cuenta de que se valora la tarea y el esfuerzo para su concreción. Este acompañamiento responsable no requiere de los adultos cursos especiales sino del esfuerzo por encontrar tiempos para compartir este espacio.
En otras oportunidades, no se trata de un método o procedimiento que se desconoce sino de un cambio de enfoque. Por ejemplo, ya no se trata de memorizar un texto sino de comprenderlo, de buscar nuevas explicaciones o de realizar tareas que sólo se justifican por lo que se ha realizado en clase. La ayuda de los adultos requerirá reconocer lo que se hace en clase a partir de constituirse en interlocutor de los chicos y de la escucha atenta de su relato. Entender el cuaderno de clase y escuchar el sentido de cada actividad según las expresiones de los chicos ayudaría a dotar de nuevos significados que potencian la comprensión de esas mismas tareas.
En esta escuela paralela, la del hogar, las familias podrían construir su propio espacio educativo: el cuidado por la caligrafía, la realización de cuentas o problemas, “tomar la lección” o estimular la lectura de un cuento, un conocimiento de la realidad, un hecho político, una localización geográfica. Se trata de un espacio no abrumador, en el que chicos y adultos acuerdan y valorizan, donde no se replica lo hecho en la escuela sino que se extiende su tarea en otras que para las familias tienen profunda significación.



El significado de la tarea


En muchas oportunidades las y los estudiantes entienden la tarea que tienen que realizar pero no reconocen su valor. En muchos de esos casos la tarea puede ser una copia de lo hecho por otro, se dedica menos tiempo de lo requerido para su realización o se la realiza siguiendo una rutina que descalifica o empobrece el trabajo por realizar o realizado. Es importante, a nuestro entender, en todos los casos, explicar la tarea, el procedimiento a emplear para su resolución y su utilidad concreta. Pero, es fundamental también explicitar su valor simbólico.
Reconocemos que “los buenos profesores” son los que reconocen el valor de aquello que propugnan, se lo explican a los estudiantes y plantean una opción optimista respecto del sentido del aprendizaje. Para todos los niveles de la enseñanza y en todos los casos habrá que preguntarse qué ganamos con la tarea y cómo somos capaces de compartir con los estudiantes el sentido de esa ganancia. A veces lo prometedor resulta lejano en el tiempo, abstracto y difícil de compartir. Sin embargo, dotar de sentido a la tarea en cada caso es un ejercicio estimulante para cada uno de los docentes. Más allá de los objetivos o propósitos del curso y de cada unidad de enseñanza, mirar reflexivamente las tareas que asignamos nos permitirá construir un mejor puente comprensivo para entender a los niños y jóvenes con quienes compartimos ese difícil y complejo arte de educar.



Edith Litwin (Publicado en Educared)